Parte V. Harry Houdini. Su secreto


Durante los 5 años siguientes Harry Houdini estuvo de gira por Gran Bretaña y el continente, durante el día se escapaba de cárceles y durante la noche, actuaba en salas repletas.

El reto de Las Esposas Espejo

En una ocasión por Europa, le retaron para que se liberara de unas esposas muy especiales, “Las Esposas Espejo”. Tardaron varios años en fabricarse. Tenían forma de B con 13 gachetas o dientes.

Le pusieron “Las Esposas Espejo” y Houdini dijo: -Un mecánico británico ha tardado 5 años en fabricarlas, no se si podré liberarme pero lo voy a intentar.

Pidió un vaso de agua

Después Houdini como siempre, se ocultó tras su cortina y empezó a trabajar para liberarse, pasaron 5 min, 10 min, 15 min, 20 min y seguía sin aparecer, mientras el público miraba anonadado la cortina. Por fin después de 25 min salió, pidió un vaso de agua y al que le había puesto Las Esposas Espejo, le pidió que se las quitara ya que el abrigo que llevaba, le entorpecía los movimientos, este le dijo que no, que ese era el reto, así que Houdini sacó una pequeña navaja del bolsillo del chaleco, se quitó la levita por encima de la cabeza y empezó a dar cortes hasta hacerla jirones.

Volvió detrás de la cortina. Todos los ojos de la abarrotada sala estaban puestos en la cortina. Una hora más tarde Houdini seguía luchando para liberarse de Las Esposas Espejo.

El beso que le da su mujer Best

Al rato apareció su mujer Best en el escenario y le dio un beso. Algunos creen que le pasó la llave o la ganzúa con el beso…

La orquesta empezó a tocar un tema, Houdini llevaba detrás de la cortina exactamente 1 hora y 7 minutos. Justo cuando la marcha llegaba a sus últimos compases grandiosos, apareció liberado.

Aquella gente que había estado mirando la cortina durante 1 hora y 10 minutos se volvió loca.

Se cree que cuando apareció con Las Esposas Espejo derrotadas en sus manos, el público estaba a punto de irse y él lo sabia.

Según los periódicos, los hombres se levantaban de sus asientos, las mujeres agitaban sus pañuelos y los desconocidos se abrazaban.

Houdini tenia al público justo donde él quería, en la palma de sus mágicas manos.

Continuará…


Parte VII. Harry Houdini. La camisa de fuerza


 

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